Suena la alarma del móvil, la primera de la mañana, hay poco luz aunque ya no estemos en el horario de verano. Saco la mano de entre las mantas para hacer que el teléfono deje de sonar, el frío muerde mi piel nada más abandonar el calor de la cama. Vuelvo a envolver en las mantas como si fuera un rollito de canela en el horno. La alarma vuelve a sonar, y doy gracias de conocerme y de saber lo que me cuesta levantarme por las mañanas. Me levanto. Subo la persiana. Llueve. Nunca me han gustado los días de simple lluvia, se que son necesarios para el campo, sobre todo para un vegetariano como yo, pero nunca me han gustado, eso de mojarme porque sí nunca me ha gustado. Consigo levantarme y prepararme como puedo. Inicio mi ritual de cada mañana, escojo de entre mi música y me decanto por escuchar a Stereophonics, algo que no sea mi pop de siempre para afrontar un día que no me va a gustar. Voy al baño y empiezo mi sesión de arreglos básicos, según pasan los minutos parece que mi interior esta hecho de nieve, el frío se hace insoportable. Me vuelvo a meter en la cama con la intención de quedarme allí no más de cinco minutos. Al final acabo desayunando en la cama con más frío que calor. No se que ponerme, que extraño, como todos los días miro el color de la suerte para hoy según Laurie Cabot, hoy tocaba rojo por lo que me pongo mi jersey básico de Pull&Bear rojo sangre. Cojo unos vaqueros sin mirar muy bien cuales y me pongo las botas más que nada para que mis zapatillas no mueran en el intento. Me meto los vaqueros por dentro de las botas, me