
Ha pasado ya un tiempo desde que se celebró la Bi+ World Conference, pero los ritmos de esta vida tardocapitalista en la que nos encontramos imbuidos la mayoría y la necesidad de que pasara un tiempo para poder asentar todo lo vivido allí ha hecho que sea ahora cuando he podido parar, sentarme y escribir sobre una experiencia que de una forma u otra me ha marcado como persona bisexual y como activista.
La conferencia se celebró en Ámsterdam los días 28, 29 y 30 de agosto, organizada por Bi+ Equal y Bi+ Netherlands, coincidiendo con el inicio del World Pride. Personas de todas partes del mundo acudimos a un evento marcado por realidades y sociedades de origen muy diversas, pero en las que a todas nos atravesaba una misma problemática común: el monosexismo.
Tampoco fue una experiencia en la que me sintiera completamente solo, ya que allí me reencontré con muches compañeres de Bi+ Equal, la organización paneuropea de personas y colectivos bi+ a quienes ya había conocido en Vilna el octubre anterior. Es curioso cómo este tipo de espacios y eventos logran unirnos de tal forma que volver a vernos se siente casi como un cálido reencuentro familiar con primos lejanos.
Uno de los hitos de la Conferencia fue precisamente la reunión de Bi+ Equal, donde nos pusimos al día sobre los avances del colectivo desde que aprobamos su creación y estatutos en octubre. En tan poco tiempo ya contamos con una junta directiva que trabaja activamente por los derechos y el bienestar de las personas bi+ en el entorno paneuropeo, además de un equipo con enormes ganas de afrontar los nuevos proyectos por venir. Más allá del valor técnico de los datos presentados durante las ponencias, una de las reflexiones más valiosas que me llevo de la conferencia es observar cómo las mismas lógicas de opresión que vivimos en España se replican en otros contextos culturales e internacionales.




Sorprendentemente, también fue un espacio para analizar cómo ciertas estructuras de opresión tardocapitalistas, cisheteropatriarcales y de blanquitud se reproducen incluso en el seno de nuestra propia comunidad. Las mismas lógicas que alimentan la bifobia son a menudo las que se utilizan internamente para perpetuar jerarquías o buscar posiciones de poder.
A pesar de estas inercias sociales y dinámicas que pueden resultar incómodas, fruto en gran medida de una educación heredada y no de un deseo explícito de ejercer daño, la conferencia brillaba por su espíritu de construir comunidad, de conectarnos, de apoyarnos y de ser un hogar por unos días.
Además desde la organización se promovian espacios seguros, inclusivos y equitativos. Existían canales de apoyo y atención directa frente a cualquier actitud fuera de lugar, garantizando el bienestar de todas las personas participantes, independientemente de su origen, etnia, lengua o religión.




A lo largo de los paneles, talleres, workshops y charlas de la conferencia, se abordó la bifobia y la LGTBfobia desde múltiples perspectivas. Se puso de manifiesto que, incluso en países donde el colectivo LGTBIQ+ goza de una mayor aceptación social, la letra «B» sigue estando estigmatizada y cargada de prejuicios.
No obstante, el mensaje transversal fue de esperanza: si se insiste y se mantiene la presión en la lucha, las estructuras terminan cediendo tal y como recalcó en su ponencia Robyn Ochs, nuestra icono bi+ favorita. Gracias a ella y a las ideas de otros compañeres me llevé la idea de que la constancia y la lucha permanente es la clave para lograr la plena aceptación e integración de la bisexualidad y de todas las identidades bi+.


Yo mismo di una ponencia: Bi+ identities as a social catalyst to combat hate speech and fascism. Intenté que fuera lo más participativa posible al intercambiar impresiones con asistentes de diferentes países, pude comprobar cómo los mecanismos de la masculinidad hegemónica y las barreras sociales responden a patrones globales.
Un punto crucial que quedó sobre la mesa es la necesidad urgente de hacernos cargo de la infancia y la juventud frente al avance de discursos fascistas e incel a través de redes sociales, plataformas de streaming y otras comunidades online. Algunas de mis tesis que sentí respaldadas por el intercambio de ideas fueron: crear y visibilizar referentes bi+ diversos en la cultura popular (creadores de contenido, streamers, música, videojuegos); desmontar los estereotipos de la masculinidad tradicional y abrir el abanico a múltiples formas de vivirla con libertad con el punto de partida de las orientaciones bi+ como inicio del cuestionamiento y ofrecer alternativas inclusivas para que las nuevas generaciones cuestionen su sexualidad sin miedo, convirtiendo la visibilidad bi+ en una herramienta de resistencia activa frente al fascismo.




A pesar de todo lo que viví y aprendí en la conferencia, con sus momentos divertidos, de aprendizaje y de crear comunidad la Bi+ World Conference me ofreció una perspectiva mucho más amplia de la situación a nivel global. Pude comprobar las diferencias entre los distintos países y cómo la bisexualidad sigue ocupando un papel más o menos marginal en comparación con otras identidades y orientaciones dentro del colectivo LGTBIAQ+.
Sin embargo, insisto, en que lo que más me llevo de toda esta experiencia es la esperanza. Estamos viendo cómo surgen cada vez más movimientos y colectivos de personas bi+ en todo el mundo, un impulso imparable que no se va a frenar a pesar de los discursos de odio y del auge del fascismo. Este es nuestro momento: es hora de que las personas bi+ empecemos a reclamar nuestro lugar en el colectivo LGTBIAQ+, a ocupar espacios de liderazgo como agentes esenciales en los cambios sociales, a reclamar nuestra visibilidad con fuerza, porque estoy convencido de que en nosotres reside la clave para transformar de raíz muchas cosas en nuestra sociedad.










