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Filosofía Pop: Mi orgullo no necesita tus prejuicios

¿Qué es la Filosofía Pop? Es una filosofía para la que no existe nada trivial y que es accesible a cualquiera que quiera entenderla. La Filosofía Pop nace de la conjunción del mundo cotidiano  y del pensamiento, que al colisionar en la experiencia hacen que se busque un sentido, que se dote a lo que experimentamos de un significado. No pretende erigirse como una atalaya ocupándose de los problemas metafísicos y del sentido de la realidad. Requiere de lo cotidiano para poder existir. Pretende dar respuesta a lo que sucede en el día a día. Al igual que Slavoj Zizek, recurriremos a elementos de la cultura popular para explicar la filosofía, para explicar ideologías, éticas, problemas sociales… A la luz de la propia filosofía o bien plantearemos preguntas que debe resolver la sociedad civil o el individuo y/o propondremos alguna solución. Como Deleuze, buscaremos la verdad cuando estemos determinados a hacerlo en función de una situación concreta, cuando sufrimos una especie de violencia que nos empuja a esta búsqueda. Adentrémonos en un modo pop de hacer filosofía.

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Estudiante de Doctorado en Filosofía, Blogger, Arstista Multidisciplinar, Cool Hunter, Estilista, Vegano, Eco-feminista.

Filosofía Pop: No controles mi forma de vestir

Aunque pueda sonar raro la Filosofía Pop existe: es una filosofía para la que no existe nada trivial y que es accesible a cualquiera que quiera entenderla. La Filosofía Pop nace de la conjunción del mundo cotidiano  y del pensamiento, que al colisionar en la experiencia hacen que se busque un sentido, que se dote a lo que experimentemos de un significado. No pretende erigirse como una atalaya ocupándose de los problemas metafísicos y del sentido de la realidad, requiere de lo cotidiano para poder existir, pretender dar respuesta a lo que sucede en el día a día. Al igual que Slavoj Zizek, recurriremos a elementos de la cultura popular para explicar la filosofía, para explicar ideologías, éticas, problemas sociales y a la luz de la propia filosofía o bien plantearemos preguntas que debe resolver la sociedad civil o el individuo y/o propondremos alguna solución. Como Deleuze buscaremos la verdad cuando estemos determinados a hacerlo en función de una situación concreta, cuando sufrimos una especie de violencia que nos empuja a esta búsqueda. Adentrémonos en un modo pop de hacer filosofía.

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Estudiante de Doctorado en Filosofía, Blogger, Arstista Multidisciplinar, Cool Hunter, Estilista, Vegano, Eco-feminista.

Filosofía Pop: ¿Y tú por quién lloras?

Aunque pueda sonar raro la Filosofía Pop existe: es una filosofía para la que no existe nada trivial y que es accesible a cualquiera que quiera entenderla. La Filosofía Pop nace de la conjunción del mundo cotidiano  y del pensamiento, que al colisionar en la experiencia hacen que se busque un sentido, que se dote a lo que experimentemos de un significado. No pretende erigirse como una atalaya ocupándose de los problemas metafísicos y del sentido de la realidad, requiere de lo cotidiano para poder existir, pretender dar respuesta a lo que sucede en el día a día. Al igual que Slavoj Zizek, recurriremos a elementos de la cultura popular para explicar la filosofía, para explicar ideologías, éticas, problemas sociales y a la luz de la propia filosofía o bien plantearemos preguntas que debe resolver la sociedad civil o el individuo y/o propondremos alguna solución. Adentrémonos en un modo pop de hacer filosofía.

Con una sola noticia nos hemos encontrado que se ha desatado una marea de juicios morales, ataques, denuncias y diligencias policiales, todo ello debido a la reacción en Internet que ha provocado la noticia, cuando otras, mucho más graves, no logran indignar tanto a la mayoría. Tras la muerte del matador (me niego a llamarle de otra forma y tampoco estoy diciendo nada que no pueda decirVíctor Barrio se desataron múltiples y muy variadas reacciones por las redes sociales. Pudimos leer tanto en Facebook como en Twitter quienes se lamentaban profundamente por la muerte del segoviano hasta quienes expresaban su alegría de que se produjera este hecho. A raíz de estas últimas opiniones es donde se desató la polémica. ¿Está bien alegrarse de la muerte de alguien? ¿Realmente los comentarios se alegraban de la muerte de un ser humano o se alegraban de otra cosa? ¿Es lícito publicar esos pensamientos y ser castigados por ellas?

Todas esas preguntas y lo que pasó después nos plantean muchas líneas diferentes a poder seguir que tienen que ver tanto con la ética como con la filosofía política. Abordemos en primer lugar el hecho de la “alegría” por la muerte de otro ser humano. Tradicionalmente hay dos concepciones básicas sobre la moral: una que es la capacidad que tiene el ser humano, en cuanto ser libre, de decidir que está bien o mal y actuar en consecuencia; la otra es la que considera que la moral trata sobre lo que es aceptable o no en relación con las costumbres y comportamientos regulados por una religión, una cultura, grupo, etc. Frente a los comentarios sobre la muerte del torero muchos los calificaban de inmoral y eso es un error, porque la moral que tiene un individuo no tiene que coincidir con la de otro. La cuestión la debemos situar en si es o no es ético alegrarse por el fallecimiento de un matador y si eso lo deberíamos hacer público.

La ética es la reflexión filosófica que se hace sobre la moral y que intenta extraer racionalmente de esta última una serie de reglas y normas universales sobre lo bueno y lo malo y como deberíamos actuar en consecuencia de ello. Ya hemos visto que la moral es algo privado o perteneciente a un colectivo y que por tanto no se puede intentar imponer a otros. La ética por su parte intenta buscar las mejores reglas y principios para todos, pero estas tienen que venir acompañadas de una justificación racional. Además la ética suele dar valor a las acciones o intenciones de las personas por lo que intentar dar valor a algo más allá de ello escaparía de su campo de estudio. Alegrarse por algo es una emoción, no es algo tangible y por tanto decir si una emoción es buena o mala es algo propio de la moral, no de la ética, incluso cuando el suceso que provoque esa alegría no sea sustancialmente bueno, la emoción en sí misma no es ni buena ni mala, es el hecho lo que sería malo.

Por lo tanto expresar alegría por la muerte de una persona solo puede ser moralmente condenable, pero como la moral no es algo universal y responde a muchos particulares, no es un juicio que se pueda universalizar. Tampoco es delito, al menos en España. Cuando asesinaron a Isabel Carrasco, por aquel entonces presidenta de la Diputación de León, las reacciones de la gente fueron bastante similares a las que nos hemos podido encontrar en las redes sobre la muerte de Víctor Barrio. Si miramos lo que ocurrió entonces y ahora podemos llegar a la conclusión de que no es delito alegrarse por la muerte de una persona, al igual que tampoco lo es decirlo públicamente. Los delitos de injurias (que atentan contra la dignidad de una persona), calumnias (imputar un delito a alguien con conocimiento de su falsedad) o amenazas, o incitar a cometer un delito es castigable por la ley, pero aún en el supuesto que se hayan cometido injurias contra el matador, el derecho al honor del mismo se acaba cuando fallece. Solo sería punible que se incitara a matar, tendría que hacer nacer las ganas de asesinar a otro con un comentario, cosa que es un tanto difícil con los 140 caracteres de un tweet o un simple estado de Facebook.

Decir que “ojalá todos los toreros corran la misma suerte pronto” tampoco es delito. Con esa frase no se incita al odio, a la violencia o se provoca la discriminación contra el colectivo de matadores españoles, no se atenta contra su honor ni nada por el estilo, tal y como parece que quieren hacer creer los colectivos que se dedican a torturar y matar a los toros. Otra cosa bien distinta es que se arremeta contra los familiares del difunto, como si que hemos visto que ha ocurrido en Twitter, ahí se está ejerciendo un tipo de violencia psíquica contra alguien emocionalmente frágil y en esa situación algunos de los comentarios vertidos podían llegar a ofenderlas y humillarlas. ¿Qué culpa tiene alguien de enamorarse, de querer a otro, aunque el oficio de ese otro pueda ser condenable ética y moralmente? Ninguna. Uno no elige enamorarse de quien se enamora, es algo que sucede y la mujer de Barrio no tenía la culpa de a lo que se dedicaba su marido y por tanto irle con gracias sobre la muerte de alguien a quien quería además de estar fuera de lugar es atentar contra el estado psíquico y emocional de alguien que no tenía culpa de nada.

Pero aquí nos llega la siguiente cuestión: es condenable la actitud de ciertas personas con los familiares del matador pero ¿y si las mismas opiniones no se vierten directamente contra ellos y se expresan de una forma libre y sin ánimo de ofenderles ni dañarles? Aquí podemos tomar el ejemplo del desafortunado comentario de un profesor que decía que bailaría sobre la tumba del matador y que ojalá corrieran la misma suerte toda su estirpe. A pesar del dudoso gusto y la reprobación moral del comentario, él no lo dirigió directamente hacia nadie, lo escribió en su muro de Facebook, expresando su opinión. El problema radica en que no parece haber un consenso entre lo que es y no es público en Internet y sobre todo en las redes sociales. Si para el filósofo alemán Jürgen Habermas la esfera pública es la que se articula entre la esfera privada y la política y esta tiene a su vez diferentes espacios de distinto rango y alcance ¿qué nos hace pensar que en Internet eso no pasa? Por mucho que una publicación se viralice hay ámbitos privados y semiprivados en las redes, incluso cuando estos comentarios se hacen de forma pública, porque una cosa es no avergonzarse de lo que uno piensa y otra entender que porque lo pueda leer cualquiera es de dominio público.

Yo mismo a raíz de una publicación sobre la muerte de Víctor Barrio recibí un comentario de alguien que no estaba ni siquiera entre mis amigos de Facebook ¿qué derecho tiene esa persona para entrometerse en lo que yo escribo o dejo de escribir sin una afán de exposición pública? Si nos guiásemos por esa lógica deberíamos de hacer lo mismo con las conversaciones que pudiéramos escuchas por la calle y eso es algo que no hacemos. Entendemos que aunque podamos acceder a ello no se desarrollan en un ámbito completamente público y que entrometernos atenta contra la privacidad de las personas que mantienen la conversación. Con las publicaciones en Facebook se debe de suponer lo mismo, no así con las de Twitter o en un blog ya que ahí la lógica es soltar pensamientos (a menos que se tomen medidas para controlar su privacidad) para que queden a disposición de quien quiera consultarlos. Así debemos entender que no todo lo que circula en la red es de dominio público, hay ámbitos que requieren de privacidad, aunque puedas llegar a verlos.

También en todas las interacciones cibernéticas parece que la gente solo leía y entendía lo que quería, mientras unos explicaban el porqué de sus opiniones e intentaban hacer ver que no era lo que se les acusaba de pensar, algunos supuestos guardianes de la moralidad salieron para reprobar esas actitudes. Las falacias y los saltos argumentativos comenzaron a darse como las flores tras las primeras lluvias al llegar la primavera, el discurso dejó de tener sentido para defender las creencias y las posturas personales. Mientras algunos decían que el matador se había merecido su fin por meterse ahí, otros intentaban decir que no, que al igual que los que saben que les puede pasar algo por practicar deportes de riesgo y mueren era lo mismo. En primer lugar no es lo mismo, la lógica que se esconde tras el argumento sobre el fallecimiento del matador es: si entras a una plaza a hacer sufrir a un animal y este intenta defenderse, solo tu eres el responsable de lo que te pueda pasar, eres tu quien asume un riesgo innecesario donde torturas a un animal que lucha por su vida, si mueres solo será consecuencia de tus propios actos. Si alguien que practica Fórmula 1 o paracaidismo muere no se merece morir, asume un riesgo si, pero la principal consecuencia de sus actos no es la muerte de otro ser vivo por lo tanto su propia muerte se debe a un fallo de los medios que se pusieron por su propia seguridad.

Para los que expresaron su alegría por la defunción de Barrio (o al menos a la mayoría) lo único que ocurrió es que se hizo justicia del modo más salomónico posible. Como en la ley gitana, si matas te matan. Para los que consideran que una vida humana tiene el mismo valor que la de un animal (a esto en ética se le llama postura antiespecista) que alguien que se dedica a asesinar y torturar reses por diversión es alegrarse no de la muerte en sí, si no de que esa persona ya no podrá hacer más daño a otro ser vivo y hacer un espectáculo de su sufrimiento. Entender esta línea de pensamiento no significa apoyarla, pero si evitar acusar a los demás de cosas que ellos nunca han dicho, de evitar discusiones sin sentido. Mientras se acusan unos a otros de intolerantes y de bárbaros se pierde el intento de entender y comprender, algo sumamente necesario para poder establecer un juicio y entablar una discusión que no se limite a un “eres malo y eso que has dicho eres malo” y “el malo eres tu por defender a matador”.

Quizá debería preocuparnos más que se condene y se haya dado tanta importancia a las reacciones de la muerte de una sola persona y no se la demos cuando más muertes se producen fuera de nuestras fronteras. Quizá debería preocuparnos que no nos importa la dignidad como seres humanos, como algunos enarbolan contra otros, cuando vemos bien alegrarse por la muerte de un terrorista, de un violador o de un maltratador y no de alguien que ha dedicado su vida a hacer sufrir a otros animales ¿y si en vez de con toros lo hubiera hecho con perros? Quizá debería preocuparnos que algunos de los que piden respeto y honor por el fallecimiento de un matador no la pidan por la del obrero que pierda la vida por falta de medidas de seguridad o por las de cualquier otro trabajador que no tenía culpa de nada. Quizá debería preocuparnos que le demos más importancia a lo que personas anónimas digan en las redes sociales y no lo que una figura pública como Gabriel Picazo se refiriese a un partido político diciendo “Os queremos convertir en abono para las cunetas” ¿no incita eso más al odio y al honor? ¿no tiene más sentido defender antes los derechos de los vivos que los de los muertos?

También debemos de pensar hacia quien dirigimos nuestra empatía. Por naturaleza estamos “programados” para sentir el dolor de los de nuestra propia especie y en menor grado por los animales que comparten más rasgos físicos con nosotros. Es decir, seremos más empáticos con un mamífero como un gato o un perro que con una araña o una oruga. Pero al igual que la empatía es un mecanismo natural para la supervivencia de la especie la cultura también lo es, es un mecanismo intrínseco de la especie humana. Como todo lo que deriva de la naturaleza las cosas tienen que cambiar, no siempre todo funciona en todos los entornos. Por cultura y por tradición en Esparta se abandonaba a su suerte a los niños que nos coincidían con el canon esperado (eso o algo peor). Por cultura y tradición se perseguía a los diferentes físicamente por tener cualidades mágicas o diabólicas. Y así muchas otras atrocidades que por fortuna se han extinguido en su gran mayoría. El ser humano de hace dos mil años no es el mismo que el del presente, al igual que tampoco lo es el de hace cien años y el de ahora. Necesitamos adaptarnos a nuestro tiempo, a nuestras necesidades. Desarrollar una empatía mayor hacia otros seres vivos es una respuesta a empezar a entender que necesitamos de los otros animales para no cargarnos nuestro ecosistema y por lo tanto nuestra propia supervivencia.

Esa empatía es algo natural en nosotros mismos. Esa empatía nos pide que extendamos nuestras emociones de dolor cuando otros lo sienten y esto ya no solo se limita a nuestra especie. Nuestra propia evolución, tanto cultural como natural, nos pide ser más compasivos, por nuestro propio bien, por nuestra propia supervivencia. Somos más propensos a sentir empatía por las víctimas que por los verdugos. Es normal que se sienta más tristeza y más rabia por todos los toros asesinados en lo que algunos llaman fiesta y cultura que por un matador que ha fallecido ante un animal que solo buscaba su supervivencia. No nos hace menos humanos sentir más dolor por el toro que por el matador, nos hace más compasivos, más empáticos. Al igual que sentimos más dolor por la víctima de violencia de género que por el maltrador, aún cuando los dos hayan muerto. Sentir más pena, más dolor, más ira, etc. por la víctima que por quien comete el crimen es natural en nosotros. El matador aquí no es la víctima de nada, el animal sí.

Hoy por hoy y si me preguntan yo no he llorado ni lloraré por la muerte de Víctor Barrio. Tampoco puedo sentir pena o lástima, si por sus familiares, que han perdido a un ser querido y conozco muy bien esos sentimientos. Pero no puedo sentir empatía alguna con un ser que dedicó su vida a maltratar a otro ser vivo hasta su muerte e hizo de ello su profesión. No puedo sentir empatía por alguien a quien considero un sádico y un desalmado, no puedo llorar por ellos. Solo puedo sentir alegría de que ya no hagan más daño, de que haya en el mundo alguien menos dispuesto a hacer espectáculo del sufrimiento de otro animal, y es alegría de eso y no de su muerte en sí. Hoy por hoy si me preguntan por quien lloro no puedo responder que por el matador, yo lloro por los que han perdido a alguien querido, lloro por toda esa sangre inocente, esa sangre animal, que ha sido derramada por un supuesto arte y un espectáculo tan retrógrado como las peleas de perros, de gallos o el propio circo romano. Lloro por el intento de querer quitarnos nuestra libertad de expresión y por el intento de infundirnos miedo por decir lo que pensamos y lo que sentimos.

Estudiante de Doctorado en Filosofía, Blogger, Arstista Multidisciplinar, Cool Hunter, Estilista, Vegano, Eco-feminista.

Fashion Code – Conferencia sobre derecho y moda

El pasado viernes 18 de Octubre se celebró en el Museo Casa Lis, una conferencia sobre derecho y moda. En el Fashion Code Event se trataron los aspectos jurídicos relacionados con las creaciones vinculadas al mundo de la moda. Se trataron temas desde la visión de los diseñadores y sus derechos a las falsificaciones y los “clones”.

En esta conferencia sobre moda y derecho lo que se pretendía era dar a conocer los diferentes mecanismos que rigen un sector que mueve mucho dinero en España. Así se abordó el tema desde una perspectiva doble: la de la propiedad industrial y la de la propiedad intelectual. La conferencia estuvo a cargo de Carolina Eyzaguirre, abogada especializada en propiedad intelectual e industrial, Modesto Lomba, diseñador y presidente de la Asociación de Creadores de Moda de España (ACME)  y moderó la mesa el director del museo Pedro Pérez Castro.

Carolina nos habló sobre las leyes que protegen a todos los creadores. Se pueden registrar los diseños de múltiples formas, aunque no todas son iguales y tienen la misma validez, duración o ámbito. Todos los títulos de propiedad son acumulables y compatibles entre sí. Solo se requiere que sean originales, para poder tener esos derechos, todos tienen derechos que caducan a excepción de los derechos morales, que incluyen la integridad de la obra y la paternidad, es decir, la autoría, estos derechos no tienen caducidad, a diferencia de un diseño que solo tiene hasta los 25 años.

Las ideas y los estilos no quedan protegidos por la Ley de Propiedad Intelectual, aunque si que lo es la obra formal concreta, es decir, se pueden copiar estilos siempre que no sean idénticos al original. Esto abré la veda a los clones y versiones low cost de las creaciones de grandes diseñadores. Incluso la fotografía es protegible por este ley, esta es protegible durante toda la vida del autor más 70 años si esta tiene algo original, si es solo mera fotografía solo de unos 25 años. También hay que tener en cuenta los derechos de imagen, como en aquel caso de las fotos estampadas en camiseta de ciertas bloggeras, que sin perdirles permiso se utilizaron sus fotos para tranformarlas en dibujos para la ropa. Incluso los desfiles de moda tienen derechos de autor.

Es importante proteger las obras, registrarlas, para tener algún tipo de prueba frente a terceros sobre la autoría de lo creado, se puede registrar en la propiedad, o por otros métodos, aunque siempre se podría demostrar la autoría por otros métodos menos convencionales aunque se corre más peligro de que en un litigio no tengan la misma validez que el otro tipo de pruebas.

Worth fue el primero en firmar sus obras, fue el primero en crear la idea de marca en la idea de la moda, incluso en unos frascos de colonia ya tuvo problemas porque el tapón de esos frascos se parecía demasiado al de otro diseño que ya estaban registrado con anterioridad porque eran demasiado parecidos. También nos hablaron de la tesis de Kal Raustiala y Christopher Springman que decían que las copias son buenas para el sector. Según otras tesis, las copias lo que hacen es democratizar la moda, hacer que todo sea accesible para todo el mundo.

Modesto Lomba habló sobre como el tiempo ha cambiado, antes los diseñadores mantenían en secreto todos los diseños y  no se permitía ningún documento gráfico antes de que las colecciones salieran a la venta. Ahora los tiempos han cambiado, desde los noventa la moda ha empezado a fijarse más en las tendencias. El diseñador desaparece del antiguo discurso sobre la moda, y empieza a buscar un discurso propio, innovar para no hacer lo que hacen los demás. 

Modesto cito mucho a Coco Chanel para referirse a que solo eres copiado cuando eres copiado o imitado. Un creador no debe de preocuparle que le copien, porque cuando le copian el ya está pensando en la siguiente, según Lomba, un diseñador es un investigador, que busca estilos nuevos, si no que busca su propia visión de la vida a través de la moda. También se habló sobre que las falsificaciones tienen otro componente ético ya que este tipo de producto requiere de mano de obra en condiciones que vulneran los derechos humanos.

Tras esto se abrió el turno de preguntas donde se plantearon dudas sobre los derechos de los creadores, las copias y los clones. Si queréis escucharlas todas y ver todo la conferencia lo podéis hacer aquí.

Fotos de los bloggers con los ponentes de la conferencia cedidas por Celeste de Mis Trapitos.

La verdad es que fue una conferencia muy instructiva e interesante y de la que saque bastantes ideas para desarrollar en la universidad y en esos trabajos sobre teoría de la moda que tanto me gustan. Aunque se me ha quedado la espinita de preguntarla a Modesto Lomba sobre las subvenciones de la ACME y de como se reparten, el porque y esas cosas que hacen que la moda española no se entienda internacionalmente más  allá del low-cost.

Y ya por último me gustaría agradecer a Fashion Code y a toda la organización la atención que han puesto al invitarnos, que en todo momento ha sido personalizada y de calidad, la verdad que se agradece mucho que no te envíen una invitación de fábrica que no te diga nada, y tenga errores. De nuevo muchas gracias por invitarme y por esta charla tan interesante.

 

Estudiante de Doctorado en Filosofía, Blogger, Arstista Multidisciplinar, Cool Hunter, Estilista, Vegano, Eco-feminista.