Filosofía Pop: Mi orgullo no necesita tus prejuicios

¿Qué es la Filosofía Pop? Es una filosofía para la que no existe nada trivial y que es accesible a cualquiera que quiera entenderla. La Filosofía Pop nace de la conjunción del mundo cotidiano  y del pensamiento, que al colisionar en la experiencia hacen que se busque un sentido, que se dote a lo que experimentamos de un significado. No pretende erigirse como una atalaya ocupándose de los problemas metafísicos y del sentido de la realidad. Requiere de lo cotidiano para poder existir. Pretende dar respuesta a lo que sucede en el día a día. Al igual que Slavoj Zizek, recurriremos a elementos de la cultura popular para explicar la filosofía, para explicar ideologías, éticas, problemas sociales… A la luz de la propia filosofía o bien plantearemos preguntas que debe resolver la sociedad civil o el individuo y/o propondremos alguna solución. Como Deleuze, buscaremos la verdad cuando estemos determinados a hacerlo en función de una situación concreta, cuando sufrimos una especie de violencia que nos empuja a esta búsqueda. Adentrémonos en un modo pop de hacer filosofía.

Como cada año y le pese a quien le pese llega el día del Orgullo LGBTQ. Cuando se acerca este día en muchas ciudades del mundo se empiezan a organizar eventos, ya sea para el 28 de junio, que es el día del Orgullo propiamente dicho, o en fechas cercanas. Cada manifestación, cada desfile, se enfoca de maneras distintas, aunque parece que hay algo que suele molestar o incomodar en muchas de ellas. Allá por el 2008 el libro de Pilar Urbano La Reina muy de cerca recogía las siguientes declaraciones sobre la por aquel entonces monarca de España:

Puedo comprender, aceptar y respetar que haya personas con otra tendencia sexual, pero ¿que se sientan orgullosos por ser gays? ¿ Que se suban a una carroza y salgan en manifestaciones? […]

Si esas personas quieren vivir juntas, vestirse de novios y casarse, pueden estar en su derecho, o no, según las leyes de su país: pero que a eso no le llamen matrimonio, porque no lo es. Hay muchos nombres posibles: contrato social, contrato de unión

Lamentablemente todavía hay mucha gente que piensa como Sofía de Grecia y Dinamarca. Nada más tenemos que darnos una vuelta por Facebook o Twitter para encontrarnos con personas que siguen sin entender porque tiene que celebrarse el Orgullo. Parece que muchos heterosexuales, porque quienes se cuestionan el Día del Orgullo LGBTQ son en su mayoría heterosexuales, ven una agresión a sus elecciones vitales, como una reivindicación innecesaria, una exaltación de unas características que no son universales. Tras lo cual siempre es muy común ver como suelen decir que ellos están orgullos de ser heterosexuales y que no necesitan un día para celebrarlo, o peor, reclaman un Día del Orgullo Heterosexual. Pero también tenemos a los que piensan que el Orgullo es algo peligroso por que “incita la homosexualidad”.

Las marchas y actividades que se celebran en el Orgullo son una reivindicación de las personas LGBTQ que existieron y no pudieron ser libres y felices, de las que existen y que no pueden salir libremente a la calle y por las que existirán y se puedan encontrar un lugar donde ser ellos mismos. Un posible día que celebre la heterosexualidad será necesario cuando los adolescentes heterosexuales, al sentirse por primera vez atraídos por alguien del sexo opuesto se pregunten si eso está bien o piensen que quizá deberían reprimirlo para ser normales. Será necesario en el momento que haya países donde ser heterosexual sea ilegal o incluso se penalice con la muerte. Será necesario porque alguien quiera dejar de compartir vestuario contigo por el hecho de ser heterosexual. Será necesario cuando haya grupos que se dediquen a perseguir y a “cazar” heteros. Será necesario cuando todavía haya quien piense que es una enfermedad que se puede tratar. Será necesario cuando vivamos en una sociedad en la que no se considere que ser heterosexual es la norma, se presuponga sistemáticamente. Piensa en el típico familiar que cuando estás en la adolescencia te pregunta si ya tienes una pareja del sexo opuesto al tuyo, ni se plantea que puedan gustarte otras cosas.

Un activista desnudo, envuelto en una bandera arco iris, en una manifestación anti-Putin en Berlín tras la persecución hacia los gays en Chechenia – Getty Imagenes

No está mal estar orgulloso de tu sexualidad. Ser heterosexual y estar orgulloso de serlo, como de ser alto, bajo o cualquier otra característica, está bien, la autoestima nunca es mala. Pero conmemorar en un día el hecho de ser heterosexual carece de sentido por el simple hecho de que los heterosexuales no han sido nunca perseguidos, censurados y asesinados simplemente por el hecho de serlo. Los delitos de odio relacionados con la orientación y la identidad sexual han aumentado en todo el mundo, en España lo han hecho alrededor de un 36%. Puede que no lo percibas pero eso es porque si no perteneces al colectivo LGBTQ tienes una serie de privilegios. Nunca has sufrido acoso escolar, te han rechazado para un trabajo o han intentado insultarte o hacerte sentir mal por el hecho de ser quien eres, de sentir lo que sientes. Nunca te habrás encontrado con que no has podido darle la mano a tu pareja en público por miedo a que te agredan o te insulten. No te habrán echado de algún local por estar con tu pareja. Por todo eso los heterosexuales tienen más privilegios que alguien LGBTQ. Y todo esto en Europa, donde la homosexualidad no se persigue como en otras partes del mundo.

Mapa que muestra los países donde la orientación sexual puede ser considerada un delito – ILGA

Todavía hay 72 países, un tercio de los que integran la ONU, que criminalizan la actividad sexual entre personas del mismo sexo. La pena de muerte para las relaciones homosexuales está vigente en ocho estados: Irán, Arabia Saudi, Yemen y Sudán la aplican en todo el territorio; Somalia y Nigeria, en algunas provincias. En otros lugares como Uganda, Zambia, Tanzania, India, Barbados o Guyana las relaciones homosexuales se castigan con penas que van desde los 14 años de prisión hasta la cadena perpetua. Mientras que en países del norte de África como Libia, Argelia o Marruecos, las leyes contemplan penas de entre tres y siete años de prisión. Reivindicar quienes somos, todas y cada una de las marchas del colectivo LGBTQ, tienen sentido mientras todavía se siga persiguiendo a las personas por el simple hecho de sentir de un determinado modo.

Una pareja se besa en Trafalgar Square después del London Pride Parade el 27 de junio de 2015 en Londres – Rob Stothard—Getty Images

Pensamos que los homosexuales son gente que ya no tiene que reivindicar nada porque ya tienen sus propios locales de ambiente, pueden casarse y hasta salen por la tele. No pensamos en aquellas personas que no pueden experimentar esa libertad. En un chico que vive en un pueblo pequeño, en una familia conservadora, que ni se plantea el salir del armario. En una mujer que no les dice a sus amigas de toda la vida que le gustan las mujeres por miedo a perderlas. Quizá no pensemos que el Orgullo brinda un espacio seguro, sin que nadie te juzgue para poder sentirte libre, algo que de otra manera no puedes por tu situación cotidiana. La gente necesita salir a la calle para ocupar un espacio que habitualmente le es negado.

New York Pride Parade 2016 – Flilip Wolak

Pero las críticas al Orgullo no solo vienen desde fuera, si no de parte de gente del propio colectivo LGBTQ. Si pensamos en el orgullo puede que una de las imágenes más tópicas que nos venga a la cabeza se la de una carroza con hombres semidesnudos, musculados (normativos a más no poder), disfrazados. Puede que también imagines la tópica imagen de las lesbianas (con el pelo corto y camisa de cuadros). O puede que incluso te venga a la mente la imagen de una drag queen “llamando la atención”. Algunos activistas reclaman que el formato de gran desfile con que el que se celebra el Orgullo en muchas ciudades tiene una nula o muy poca carga reivindicativa. De hecho muchos señalan en que en muchos sentidos se ha convertido en una fachada comercial a cuenta del gaypitalismo o el pinkwashing. Además hay quienes señalan que muchas de las imágenes que deja el Orgullo perpetúan estereotipos como que la comunidad LGBTQ es promiscua, libertina, no cree en la monogamia, defiende la infidelidad, es más propensa a las ETS y un largo etcétera de prejuicios.

La imagen que se ha convertido en el meme para reivindicar un Orgullo LGBTQ más “discreto”.

¿Pero es cierto que se está creando una falsa sensación de que ya esta todo conseguido? ¿Es cierto que se da una mala imagen del colectivo? Si nos centramos en las imágenes que acaban volcadas en los medios nos encontramos con que lo que van a sacar va centrado en lo que ellos consideran más “estético”, lo que encaja con sus tópicos y con su normatividad, justo como ya dijimos un poco más arriba. Desde que se empezaron a reclamar los derechos para el colectivo LGBTQ se debatía sobre si era correcto seguir una postura asimilacionista y equiparse a los heterosexuales con todo lo que ello conllevaba. Así parece que se empezó un camino donde se empezó a repetir una y otra vez que se era monógamo y respetable al igual que un heterosexual, integrándose socialmente pero sin abordar las raíces de la opresión.  El error de base no es en que se banalice una causa por ir menos vestidos o extravagantes, si no que eso mismo se considere más extravagante, anormal, que lo que ha sido común y aceptable para los heterosexuales ahora también tenga que serlo para el resto coartando la libertad del resto y de lo que ellos quieren.

Una imagen de los disturbios de Stonewall Inn para reclamar los derechos del colectivo LGTB en 1969

En la edición mexicana del Huffington Post recogían el siguiente extracto de la serie noruega Skam:

Isak ha empezado a salir con un chico, Even, y le confiesa a su roomie gay esta relación. Sin embargo, no pierde tiempo en comentar que, contrario a él, no va a aceptar todo el “paquete gay”: “No voy a usar rímel y pantimedias e ir al gay pride sólo porque me gusta Even”, le dice. Y su compañero le responde: “Déjame decirte algo sobre las personas con las cuales no quieres ser asociado. Sobre las personas que usan medias y rímel y que salieron y pelearon por derecho de ser como son. Son personas que eligieron enfrentarse a la discriminación y el odio, que han sido golpeados y asesinados. Y eso no es porque realmente quisieran ser diferentes, sino porque preferían morir antes que pretender ser algo que no son. Y eso requiere de un valor que la mayoría de la gente no entiende”.

Quizá lo que nos falta a muchos sea historia. Al igual que aprendemos historia del país o de la región en la que nacemos debemos aprender la historia del colectivo LGBTQ antes de criticar su presente. El pasado nos ayuda a comprender nuestra actualidad. Las Marchas del Orgullo nacieron a raíz de los disturbios surgidos tras la redada en el Stonewall Inn. En 1969 todavía se perseguía al colectivo homosexual. Miembros de la comunidad LGBTQ, principalmente travestis y drag queens, se enfrentaron el abuso policial manifestándose. Fue una forma de encarar las redadas, las detenciones y las palizas que sufría el colectivo (amparado por la ley) en aquel entonces. El sentido del Orgullo es reclamar que no estamos enfermos, que no somos una abominación. Toda esta “extravagancia” y “depravación” que dicen que exhibimos tiene dos sentidos: el de recordar a los primeros activistas y remarcar que la sexualidad no debe ser tabú.

El sentido de la marcha del Orgullo es crear un lugar donde sentirte seguro y apoyado y donde reclamar tus derechos. Es ofrecerte un lugar donde encuentres a más gente como tú, con situaciones e historias diferentes pero que no tienen miedo de ser y sentir de una forma honesta. Sin ir más lejos tenemos las declaraciones que hizo Sasha Velour, la ganadora de la novena edición de RuPaul’s Drag Race a Entertaiment Weeckly:

Creo que el drag es una forma de activismo. Se centra en las personas queer y en las formas queer de ser bello, especialmente en un contexto político donde la belleza está estrechamente definida o lo que se considera importante o valioso está estrechamente definido, y el drag siempre ofrece una opción diferente […] el trabajo de una superestrella drag es coger una audiencia y llevarlos en una fantasía que hace que la gente se sienta inspirada, fuerte y orgullosa. Estoy emocionado de entregar lo que creo más claramente, dramáticamente y con más glamour, y liderar a los extraños que aman el drag a ser políticos y contraculturales, porque es entonces cuando creo que el drag es más poderoso. Soy una sobre-pensadora con el espíritu de una luchadora. Espero que mi legado sea que a veces ese nivel de pensamiento es una gran baza, especialmente ahora en este momento político que es muy anti-intelectual, anti-información, y anti-histórico.

¿Qué puede haber más extravagante, más no normativo que una drag queen? Si incomodan es porque se enfrentan a algo, hacen visible una realidad que no está presente para el resto de personas. Para Foucault “el cuerpo está también directamente inmerso en un campo político; las relaciones de poder operan sobre él una presa inmediata; lo cercan, lo marcan, lo doman, lo someten a suplicio, lo fuerzan a unos trabajos, lo obligan a unas ceremonias, exigen de él unos signos” Todo lo que se aleje de las normas que se espera de cada uno de los cuerpos es revolucionario. Ir semidesnudo, disfrazado o de cualquier forma ya constituye un acto revolucionario, de reclamación de derechos y visibilidad por parte del colectivo LGBTQ, y si encima añades un mínimo de comportamiento que recuerde al sexo acabas por romper con todas las normas.

Una carroza en el Philadelphia Pride – Foto de R. Kennedy para Visit Philadelphia

Aún a la queja que hacen miembros del propio colectivo lo que hay que decirles es que ellos ya han interiorizado el poder que la sociedad ejerce sobre nosotros. En vez de plantearse si lo que la sociedad quiere de ellos es lo que realmente son, si es lo que les hace felices, lo aceptan y luchan para que todos los demás se amolden a esas reglas. Pero lo peor de esto es que tras esa actitud hay una homofobia interiorizada de la que es muy difícil deshacerse. Es lo que podemos llamar plumofobia. Rita Abundancia define la plumofobia en S Moda como: “el desprecio hacia aquellas personas que se salen de sus roles de género. Es decir, hacia los hombres afeminados y las mujeres masculinas, es la prueba del algodón que confirma que no se respeta tanto a los homosexuales como se cree”. Lo que significa que se puede ser gay o lesbiana pero no tiene que notarse. Más adelante en el mismo artículo la periodista se hace eco de un estudio del Gay Times que revela que más de la mitad de los gais sin pluma (57%) creen que sus colegas afeminados dan una mala reputación al colectivo homosexual masculino. Realmente los prejuicios no están asentados en una posible mala imagen, si no en pensar que eso puede ser mala imagen. No se está dañando la imagen del colectivo por ello, se está normalizando un cuerpo, una sexualidad y formas diferentes de vivir y disfrutar.

El actor Unax Ugalde ha colaborado con la capaña #Stop Plumofobia

De hecho por lo que tendríamos que luchar es porque todos los colectivos disfruten de esa libertad- Porque ahora mismo de quienes más se quejan dentro del propio colectivo son los más normativos, son los que mejor encajan en los signos y ceremonias que se esperan de nuestros cuerpos. Todavía tenemos que seguir luchando para que las lesbianas sean tan visibles como los hombres gays, para que la transfobia y la transmisoginia ya no sean la causa de la muerte de mujeres vulnerables, para que la bifobia no se extienda dentro y fuera del colectivo. Si te preocupa que la imagen que se del colectivo te afecte a tí, que tengas prejuicios hacia ti, lucha, educa a quienes te molestan (que no son precisamente del colectivo LGBTQ) pero no prohíbas a quienes necesitan de esa parcela de libertad. Ellos no eligen ser así para ser más llamativos o para molestar, son así, y no tienen miedo a vivir siendo lo que son. De hecho fue gracias a todos aquellos que dan “mala imagen” por lo que tenemos los derechos que tenemos ahora. Ellos fueron los que comenzaron el movimiento en Stonewall, no los discretos, a los que no se les notaba que eran LGBTQ, porque ellos no recibían la represión al mismo nivel.

Una drag queen convirtiéndose en una de los Stonewall Riots en 1969.

Si algo ha caracterizado al colectivo es su diversidad y su libertad y ahora muchos pretenden normalizarlo a unos estándares que no tienen porque hacer felices a todos. Nos encontramos con que la tendencia dentro del mundo gay es que tengas un cuerpo de gimnasio, que no seas escandaloso, que seas discreto, que aspires a tener una vida normal según los estándares que ha marcado la sociedad para los heterosexuales. La plumofobia se está empezando a convertir en un estigma dentro del propio colectivo. ¿No vemos ahora la necesidad de la mayor expresión de libertad posible dentro de las marchas? La discriminación viene de todas partes, de dentro y fuera, normalizar, festejar, reclamar sentirnos y vivir como más nos haga felices es algo primordial. Sin ir más lejos yo fui con una amiga a una fiesta para el colectivo LGBTQ y fue ella quien experimentó esa libertad de la que estoy hablando y ella no pertenece a ninguna de las siglas. El caso es que en aquel local hacía demasiado calor y había gente que se quitaba la camiseta para no asfixiarse de calor, algo tan simple como eso. Ella decidió quitarse la blusa y no se sintió juzgada, violenta de alguna manera o que la mirasen mal. A nadie le importaba, pero eso no lo hubiera podido hacer en otra parte. Después de todo si se hiciera para provocar, para ligar, para llamar la atención sobre un cuerpo desnudo, alguien nos hubiera dicho algo o se hubiera acercado con alguna intención y el caso es que no fue así.

Imagen del Miami Beach Pride Parede en 2015

El mundo ya es bastante malo, ya nos inculcan demasiados prejuicios y odio por todas partes. Sin ir más lejos tenemos la experiencia que cuenta Troye Sivan en Heaven, donde su fe y su orientación sexual se ven enfrentadas. O como Mary Lambert canta en Secrets: “Nos dicen desde que somos jóvenes / Que ocultemos las cosas que no nos gustan de nosotros mismos / Dentro de nosotros mismos” y como ella acepta quien es, con todos sus defectos y cualidades. No hay nada de malo en los desfiles y marchas del Orgullo LGBTQ, los prejuicios, la “perversión” o la mala imagen se da en los ojos del que mira. El Orgullo una fecha para ser libres, para festejar quienes somos, sin miedo a ocultarnos y decirle al mundo que seguiremos siendo así le pese a quien le pese. Tal como decían Alaska y Dinarama en su mítica canción: “¿A quien le importa lo que yo haga? / ¿A quien le importa lo que yo diga? / Yo soy así, y así seguiré, nunca cambiare”.

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1 Michael Foucault. (1998) Vigilar y Castigar. Nacimiento de la prisión. Editorial Siglo veintiuno editores, México D.F. pág. 32

Máster en Filosofía, Blogger, Arstista Multidisciplinar, Cool Hunter, Estilista, Vegano, Eco-feminista.

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